No hay nada en el mundo que preocupe más la gente, que el tema del futuro. Por causa del futuro la Iglesia ha complicado muchas cosas que en la misma Biblia son facilitas de entender. Los temas del mañana atraen a gente de diferentes pensamientos, escuelas filosóficas y sobretodo nosotros, aquellos que servimos a un Dios que creó el mañana. Lo que me preocupa muchas veces es el hecho de que la gente espera que el mañana de uno, su futuro, sus logros, sus metas, sus blancos, donde quiere llegar en la vida, sea fruto del acaso, o quizás para hacerme bien “evangélico”, fruto de la bendición de Dios. Pero te vengo atrapar la vida un poquito y decirle el tema de mi texto: “La bendición de Dios no determina donde llegarás en la vida y sí los mentores que tú decides seguir”. Por todas las Escrituras miramos a gente que cargó la bendición de Dios, sin embargo, no llegaron a ningún lugar en la vida, no hicieron nada de productivo en su generación, no conquistaron absolutamente nada. Tome por ejemplo a Jacob, que ya nació bendecido, pero nunca hizo nada de su vida, por los mentores que escogió seguir. A Israel, que retrasa el plan de Dios, como nación por más de 40 años, sencillamente porque el mentor del becerro de oro les valió más que el de la montaña. Para no decirme sin embargo que soy hereje, no me confundas, yo creo en la bendición de Dios y que ella me garantiza el éxito, pero cuando llego al éxito, o sea, la calidad de vida que tendré cuando llegue a la meta que anhelé alcanzar, será determinada por la bendición del Señor, pero llegar a la meta es función de cada persona. Hablemos entonces de los tres mentores que me pueden determinar quién yo seré en la vida y que cara tendrá mi futuro. Primeramente, mentor es la mentalidad que escojo seguir. Es el estilo de pensamiento, es como decido tomar mis decisiones principales en la vida. Puedo decidir a la luz de lo que mi familia dice, la cultura de donde vengo, mi “modus operandi” y cosas por estilo, o puedo forjar lo que decido a la luz de la Palabra de Dios. Mucha gente lee la Biblia, pero nunca ha hecho de la Biblia su fuente de decisiones filosóficas, nunca la ha transformado en una cultura de vida. De hecho la sobrenaturalidad de las Escrituras tendría que ser el estilo natural de vida que el cristiano vive. En segundo lugar, cuando hablo de mentor, quiero hablar del tiempo, de las experiencias, de los errores, de las piedras del camino. Al final del cuento mis tropiezos tienen que haber enseñado algo a usted, como dicen por ahí “el tiempo es el más gran maestro”. Estos días atrás, uno de mis pastores asociados estaba enseñando en la Iglesia y dijo algo muy interesante, dijo que las piedras lisas que David tomó del arroyo para matar el gigante, estaban lisas por tres factores: Viento, agua y el tiempo. Quizás tus logros no se alcanzan porque tus “piedras” todavía no están lisas por el tiempo. Finalmente, hablar de mentores es hablar de discipulado, de alguien que me guíe, que sea más grande que yo, que crea más que yo, que vea más que yo y que me estire al máximo de mi potencial. En este sentido, hay que pensar en dos cosas para que se tenga un buen mentor: Número uno que creas que hay gente mejor que usted, a quienes puedes seguir y de ellos aprender, porque a pesar de que tú eres bueno, no eres la última coca cola del desierto. Número dos, que este es el modelo de gobierno de Dios. Solo hay un Josué porque hubo un Moisés, un Salomón porque existió un David, un Eliseo porque estuvo Elías, y la lista sigue bien larga. Decida tener un mentor, alguien que te toque las cuerdas vocales del alma, que te empuje o te jale, que te haga caminar la extra milla. Pues para terminar nuestra plática le pregunto: ¿Con quién andas en el día de hoy?
Franco Maximiliano Es Pastor general de las Iglesias del Evangelio Cuadrangular En la Nueva Inglaterra. Conferencista internacional y escritor
tremendas palabras Dios le bendiga mucho nada que a~adir grasias
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