Uno de los errores más grandes en la vida de una persona es tratar de engañar a ella misma. Lo hacemos de tres maneras:
Jeremías una vez, el profeta llorón, denunció a falsos profetas de su tiempo que profetizaban que habría paz, cuando no hay paz. El propio concepto de paz que tenemos nosotros nos complica la vida para entender al profeta de las lagrimas, porque para nosotros "paz" es ausencia de problemas, es la paz barata, la de supermercado, la superficial, aquella que se va cuando el dolor de cabeza llega, la paz circunstancial que muchos cristianos hoy día están buscando y por eso están frustrados. Paz para Jeremías era "SHALOM", la traducción de la palabra desde sus raíces hebreas es literalmente: "entereza", "totalidad", "La presencia completa de Dios", "plenitud", "armonía total en todas las esferas de la vida". Así que para que Jeremías dijera que hay paz, no pudiera ser aquella que compramos en los mercados cristianos de hoy día y sí la armonía de Dios presente en la totalidad de mi vida.
El orden de Jesús a sus discípulos en su experimento evangelístico con los 70 fue que cuando llegasen a una casa dijesen: "Paz sea sobre esta casa". La misión de la Iglesia en estos tiempos post-modernos, no puede ser solamente ministrar a las mentes fragmentadas de nuestra gente sufrida, si nosotros queremos ver el "Reino de Dios" así como lo miraba Jesús, implantado en las ciudades donde nos toca ministrar, tendremos que poseer una visión más amplia de nuestra tarea, que no tiene que ver con ofrecer remedios paliativos y apelativos a una gente que por desesperación agarra cualquier cosa, sino que ministrarles el Shalom de Dios, porque si así hacemos, veremos estructuras mentales, familiares, económicas y sociales cambiando, para que ya el pana Jeremías no tenga que llamarnos de falsos, pues no hay que decir que hay paz, cuando en verdad tú y yo no experimentamos el Shalom de Dios, pues esta "pazcesíta" ofrecida en el mercado religioso no satisface el alma. En cuanto a mi persona, sigo con el corito, aquel viejito de ayer: "La paz que tengo, el mundo no me la puede quitar, como no me la dio, no me la puede quitar". A su barca en la tempestad yo digo: "Shalom".