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14/2-08 en 11.35 por: Rev. Franco Maximiliano
Como es difícil adaptarnos
Uno de los temas más complicados de tratar en la Iglesia son las adaptaciones. Nosotros vivimos en el tiempo de los up dates, para todo hay algo nuevo, el último de su generación, lo más insólito, lo nunca fue visto y así sigue la lista de nombres dados a las novedades. Hacen unos días una compañía de teléfonos creó un nuevo aparato telefónico que supuestamente solo falta afeitar la barba de uno, porque en lo demás hace todas las cosas: Tiene película, música, fotos, Internet, usted lo diga y el teléfono tiene.

Todo eso demuestra una realidad muy presente aun que peligrosa para nosotros, el cuerpo de Cristo, por un lado un llamado a mejor, a ser actual, a ver con los ojos de hoy y por otro el peligro de que en el proceso de mejorar o estar al tanto, terminemos por perder la esencia de lo que somos. En este sentido de estar contemporáneos a la realidad que nos rodea, la Palabra de Dios tiene algunos consejos prácticos.
"No hay nada de nuevo bajo el sol", decía el sabio predicador y el que sabía de las cosas así lo dijo, porque de algún modo tenía la impresión de que a cada día alguien anunciaría alguna cosa como se hubiera inventado la rueda más una vez. ¿No es así en la Iglesia? A cada día surgen nuevas propuestas, modelos de espiritualidad y visiones, no que yo tenga nada en contra de ellas, sino que es probable que sean muy buenas aun que no inéditas. Es este sentimiento de profunda importancia y exclusividad que hace con que nosotros nos tornemos muy observadores de nosotros mismos y a la imagen del muchacho este de la mitología griega, nosotros podemos terminar sufriendo de un complejo de enamorarnos de nosotros mismos. El cuento dice que el señor este, Narciso, en un momento se encantó tanto con su propia belleza que quedó a la orilla de un lago, mirando a su propia imagen y de tanto mirarla se transformó en un árbol, sin movimiento, sin efectividad, aun que con vida. Tengo la impresión que a veces nosotros en la Iglesia estamos medio que así, es mucha gente se auto-nombrando para lo que Dios no los ha llamado, mucha gente con medallas sin cicatrices, mucha gente olvidándose de la Palabra de Dios al viejo profeta Elías, cuando pensando que había agarrado la onda de ser representante exclusivo de Dios, Dios le dice: "Mira Elías, igual a ti yo tengo 7.000 y eso para no mencionar los mejores que usted". Auto admirarse, esa cosa de pensar que lo que estoy haciendo de algún modo es más importante que el trabajo del otro, quita la belleza de aquello que el Apóstol Pedro llamó de la multiforme gracia de Dios .
Por otro lado las adaptaciones son inevitables, tienen que pasar. El mundo cambia, la sociedad también y en eso, percibimos algo que es bien teológico: Dios es inmutable en esencia, pero es cambiable en estrategias, claro que después de una declaración como esta, los bibliólatras de plantón me van a preguntar: "¿Donde está eso en la Biblia?", muy bien vamos a la prueba empírica. Si las estrategias de Dios no cambiasen, nosotros todos estaríamos muertos, porque ninguno de nosotros de cara redonda o de pelito malo, como buenos latinos, cargamos sangre judía, lo que hace imposible que adorásemos a Dios. Fue el cambio de ley a gracia que abrió, para parafrasear el escritor a los hebreos, un nuevo y vivo camino. Si las estrategias de Dios no cambiasen, pronto estaríamos mirando a otro viejo loco construyendo una arca gigantesca que cupiera los más de 6 billones de gente que andan por ahí en el siglo 21. Si las estrategias de Dios no cambiasen, Jesús no hubiera nacido, porque aun en la temprana era de la historia de los judíos, Dios decidió eliminarlos a todos, pero fue la oración de Moisés que hizo con que Dios cambiara de opinión.
Más una vez es el profeta Elías el que nos va enseñar lo que tenemos que saber sobre como adaptarnos a los nuevos desafíos de la vida como Iglesia de Jesucristo. El está bajo su propia palabra profética, pues ha algún tiempo atrás, solo para hacer la vida de Jezabel, Acab, Baal, Aserá y compañía limitada imposible, Elías había dicho que no iba llover, dicho sea de paso Baal era el dios de la cosecha, ya usted agarró la onda verdad... Bueno, el tema es que la Palabra de Dios es espada de dos filos y corta tanto el que la oye cuanto el que la dice y Elías por causa de su propia profecía, ahora tiene que vivir bajo determinadas restricciones. Por orientación de Dios, el va a donde un arroyo, igual a esos que teníamos allá donde nuestros países y queda por allí viviendo bajo una dieta celestial, pues todos los días unos cuervos, en contra de su propia naturaleza carnívora claro, le llevaban pan y carne. Lo que sucede es que un tiempo después el arroyo se secó. Es interesante notar que cuando el arroyo se secó Elías no quedó buscando una razón para saber el motivo espiritual por detrás de la sequedad del arroyo, sino que entendió que al secar, el tenía una excelente oportunidad de adaptarse, de mejorar, de encontrar y vivir nuevas posibilidades.
En aquella ocasión, si fuera un cristiano del siglo 21, cuando el arroyo se secara, seguramente que quedaría por ahí insistiendo con la misma cosa, porque a nosotros nos cuesta entender las nuevas temporadas de Dios y de la vida. De algún modo, Elías sabía que si el arroyo se secó aquí es que por otro lado, Dios le estaba llamando a algo más grande y mejor al cual el, como profeta tendría que adaptarse, aun que este algo nuevo, viniera por detrás de la actitud humildad y casi humillante de una viuda y un niño pobre con no más que algunas tortillas dirían los Centro Americanos.
Me quedo diciendo lo siguiente: No tenga miedo a adaptarse, a buscar nuevas puertas a encarar nuevos momentos, a ver el impacto que podemos producir hoy si cambiamos nuestras estrategias. Por otro lado, tengamos todos mucho cuidado al estar en una búsqueda insaciable del nuevo, pues a veces en el anhelo de llegar al nuevo nos distanciamos de la senda antigua, pues entre las pantallas de power point, las muchas luces de la modernidad y los sermones bien preparados, podemos terminar por olvidarnos de la adoración sincera y entregada. Por eso que a veces parece que la gente de nuestros países es más sincera, pues no tienen recursos modernos y lo único que les sobra es ofrecer a Dios un corazón contrito y humillado, el problema es que eso es solamente lo que Dios quisiera y necesita para producir un avivamiento en esta generación. A finales de cuenta, Jesús es el que ya mirándonos desde muy antes dijo, de que les vale ganar el mundo entero y perder sus almas.

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